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El hábito sí hace al monje

Los refranes me encantan. De niña incluso los coleccionaba. Cuando aprendía uno nuevo lo escribía en una ficha (la típica de cartulina con rayas), apuntaba su significado y lo guardaba en una caja de zapatos que hacía las veces de archivo. 

 

El refrán «el hábito no hace al monje» hace referencia a que las personas no deben ser juzgadas por su apariencia, sino que es necesario distinguir su comportamiento y los valores con que se orientan. Sin embargo no hoy no hablaré de postureo, sino de las tareas que realizamos como costumbre y cómo afectan en nuestro desempeño diario: los hábitos.

 

Este tema me apasiona. Durante la carrera de Terapia Ocupacional estudié la influencia de los hábitos en el comportamiento humano y cómo se pueden modificar de manera que sintamos que lo que hacemos en nuestra vida tiene un significado, nos importa. No recuerdo quién dijo que «somos lo que hacemos».

 

Qué es un hábito

 

La RAE define el hábito como el «modo especial de proceder o conducirse adquirido por repetición de actos iguales o semejantes, u originado por tendencias instintivas».

 

Lo que vienen a ser las acciones que hacemos a diario sin pensar, en modo automático. Piensa por un momento en todo lo que has hecho hoy hasta llegar a tu puesto de trabajo. O lo que has realizado hasta media mañana.

 

Cuántas veces me he encontrado en la puerta de mi trabajo sin saber cómo había llegado hasta allí. ¡Incluso tras conducir por la autopista! 

 

En Terapia Ocupacional los hábitos se definen como «los comportamientos específicos y automáticos que pueden ser útiles, dominantes o perjudiciales».

 

Y aquí llega la madre del cordero. Porque hay hábitos que son nocivos y otros beneficiosos, depende de nosotros escoger unos u otros de manera consciente y con ello mejorar el sentido de nuestra vida.

 

Como ejemplos de hábitos positivos podemos pensar en el paseo matutino o vespertino, salir a correr (yo te espero en un banco sentada, a ese no me apunto, soy así de perezosa), la quedada semanal con tus amigos del alma, etc. 

 

Las hábitos negativos son de sobra conocidos y no por eso menos frecuentes: fumar, tomar alcohol o café en exceso (¡pero esa copita de vino con la comida que no me falte!), pasar más horas de la cuenta delante de la tele,…

 

Con el nuevo curso es habitual que nos planteemos multitud de buenos propósitos que luego no cumplimos. Claro, como en poco tiempo llega el Año Nuevo y entre puentes festivos, Black Friday, pre-navidades y Navidad real no nos habrá dado tiempo, nos apuntamos a la repesca y aquí no ha pasado nada.

 

Pues déjame que te diga que cualquier momento es bueno. Lo único que necesitas es tener claro lo que quieres conseguir y persistir a base de fuerza de voluntad. 

 

Si ves que modificando alguno de tus hábitos vas a mejorar tu vida, alma cándida, no sé a qué esperas. Está en tu mano. Con un poquito de esfuerzo cada día, en Nochevieja ya lo habrás conseguido. 

 

Cómo formar un hábito

 

Ya leo tu mente: “Qué fácil es decirlo, ponerlo en práctica es otro cantar”. Tienes razón. Pero ya me he documentado para servirte en bandeja algunas recomendaciones. 

 

Desde que me quedé sin trabajo me dedico antes que cualquier otra cosa a cuidarme: leo e investigo cómo me puedo transformar en una persona mejor, pruebo los métodos que descubro y desecho los que no me funcionan, me atrevo pese al miedo que siento.

 

Suena como un chiste, lo sé, pero tras dar vueltas y más vueltas veo que estoy trazando círculos en torno a lo que ya conozco y sé por mi formación académica. Me estoy aplicando la Terapia Ocupacional a mí misma. Tras hacerlo con decenas de personas, ahora soy mi paciente.

 

Comparto contigo el plan de tratamiento que he seguido (y sigo, porque continúa). Confío en que tú puedes sacar los mismos beneficios que estoy encontrando, adaptándolo a tu caso particular.

 

1. Reflexiona sobre el para qué quieres instaurar un hábito nuevo, qué pretendes conseguir con él 

 

Perder el trabajo que me provocaba estrés y agotamiento (quizás algún día te cuente cómo fue), supuso una liberación. La ansiedad bajó de nivel en pocos días y mi mente empezó a estar más despejada. Eso me ayudó a plantearme unos objetivos claros sobre el rumbo que daría a mi vida. Los puse por escrito y los releo cada semana para mantener el foco y la energía. Uno de esos objetivos ya lo cumplí: era montar este blog. El otro está en camino: publicar mi primer libro. Ambos se relacionan con mi necesidad de comunicarme al tiempo que ayudo a otras personas que pasan por etapas como las que he pasado yo. Esos son mis objetivos principales.

 

2. Prepárate el terreno

 

Unos cimientos robustos harán que tu plan no se desmorone a la primera dificultad que te encuentres. Si puedes encadenar la consecución de un hábito con el entrenamiento de otro, mejor. Te pongo mi ejemplo: sé que para conseguir un buen trabajo que me parezca de calidad decente tengo que formarme y practicar. Lo segundo lo hago mediante este blog y mi lista de correo (¡suscríbete ya!), así me he autoimpuesto la obligación de expresarme por escrito a diario. 

 

En cuanto a la formación, ya he realizado unos cuantos cursos de los que se incluyen en la Plataforma de marketing online para escritores (MOLPE). Y ahora estoy cursando otro del que hablaré más adelante. Por muy bien que se te dé lo que quieras hacer, la formación es fundamental. Nadie nace enseñado y ni tú ni yo somos excepciones.

 

3. Concreción y uno a uno

 

Ya escribí sobre esto en el anterior post sobre productividad: construye despacio y sin abarcar demasiado. Concentra tus energías en uno o dos objetivos. Eso sí, defínelos al detalle. Cuándo empezarás con tu nuevo hábito, dónde lo harás, cómo, incluso con quién si es necesario. No te olvides de tener algún disparador que te ayude a recordarlo (alarmas en el móvil, anotarlo en tu agenda, usar alguna app). Las posibilidades son múltiples, puedes elegir lo que te resulte más cómodo.

 

4. Tener un plan B por si falla el A

 

La sabiduría popular aconseja no poner todos los huevos en la misma cesta. Contar con una alternativa te da tranquilidad, aunque las fuerzas oscuras del mundo se unan en tu contra y se empeñen en que no logres tu objetivo. Aquí es donde entra el curso del que te hablaba en el punto 3. Me estoy formando como correctora profesional. Por un lado me viene fenomenal para mejorar mi escritura, y por otro si mis libros no funcionasen como deseo podré al menos contribuir a la publicación de los de otros escritores. 

 

5. Los 30 días de prueba

 

Sí, como en Amazon. Seguramente tú habrás escuchado por ahí que son 21 los días que se necesitan para instaurar un hábito. Lo siento, no es verdad. Los estudios científicos que se han realizado al respecto indican que necesitarás al menos un par de meses. Si al llegar a la mitad de tiempo ves que eso no es para ti, no te empeñes en llegar hasta el final. Guarda esa energía para tu siguiente objetivo de la lista.

 

6. Registra cada paso

 

Es tan sencillo como tener lápiz y papel, o un dispositivo móvil. Yo combino las dos posibilidades en función del tipo de hábitos. Para la escritura me gusta hacerlo a mano y me ayuda a reflexionar sobre los retrasos o avances. También anotar cómo me siento ayuda a hacer una retrospectiva de vez en cuando que me abre los ojos al comprobar cómo estaba hace apenas tres o cuatro meses y comparando con mi actividad actual reconozco mis pequeños grandes éxitos.

 

Espero que esta pequeña guía te resulte tan útil como lo está siendo para mí. ¿Te has planteado algún cambio importante para ti en este nuevo curso? ¿Cómo lo piensas conseguir? Cuéntamelo en los comentarios, así nos ayudaremos mutuamente. 

La semana que viene tengo una sorpresa que mis suscriptores ya disfrutan (¡gracias a todos por guardarme el secreto!). ¿Quieres formar parte de mi comunidad? Hazlo ahora mismo pinchando en este enlacewink

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