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Cómo la escritura me ayuda a sobrellevar la ansiedad

Hoy te hablaré de cómo la escritura me ayuda con mi ansiedad. Sin tapujos y sin pretender infundir lástima. Tan solo quiero expresar como mejor pueda lo que me ocurre y cómo gracias ella me he embarcado en este nuevo proyecto.

 

En el anterior post dejaba caer los motivos por los que decidí empezar de nuevo. Ya son varias las ocasiones en las que he tenido que reinventarme buscando un sentido satisfactorio a lo que hago. Dicen que mientras hay vida hay esperanza. Aunque de vez en cuando paso por etapas oscuras siempre encuentro la manera de resurgir de mis cenizas como el ave fénix.

 

Qué es la ansiedad

 

¿Qué piensas si te digo que la ansiedad es una reacción positiva y natural? Por mucho que parezca sorprendente así es. En su origen es una defensa que nuestro cuerpo activa ante una amenaza. En los tiempos del hombre primitivo era fundamental para salir por patas en cuanto aparecía algún depredador. Ahora sigue siéndolo cuando somos bebés para reaccionar de modo adecuado. Un ejemplo sería cuando lloran para reclamar la presencia de sus padres. La ansiedad buena aparece en momentos donde nos jugamos algo importante como una forma de estar alerta y dar el cien por cien.

 

Podemos considerar la ansiedad como un trastorno cuando deja de ser adaptativa y pasa a ser una compañera de viaje nada agradable. En el llamado mundo desarrollado es el trastorno psicológico más común, seguido de la depresión. Y en no pocos casos, como el mío, se combinan ambas. A pesar de ello, este tema permanece oculto porque, al igual que ocurre con el resto de enfermedades mentales, la persona afectada suma a su padecimiento la vergüenza de verse tratada de forma diferente solo por esa condición.

 

Qué siente una persona con ansiedad

 

Imagínate que tienes que salir a cazar para comer y aparece por el horizonte un tigre de dientes de sable. Vamos, lo habitual hace miles de años. El tigre te empieza a poner ojitos de querer y se acerca a ti relamiéndose de gusto. ¿Qué harías? Sin duda correr como si no hubiera un mañana y trepar hasta el árbol más cercano para escapar de sus garras. Para conseguirlo tu cuerpo se activa elevando la tensión, el pulso se acelera para que tus músculos reciban más oxígeno, sientes palpitaciones, jadeas con la sensación de que te vas a ahogar, acabas con la boca pastosa y seca. En esta situación no vemos nada raro, esta es la reacción lógica ante la aparición de una amenaza real a nuestra supervivencia.

 

Ahora bien, supongamos que experimentamos todas estas sensaciones sin movernos del sitio, como respuesta a algo que está en nuestro pensamiento, y que no está amenazando nuestra vida de forma real. Puede ser al pensar en un examen, por tener que hablar en público o por fobias como el miedo a los espacios cerrados, volar, ciertos animales. No hablo de los nervios normales, sino de un estado que interfiere de forma negativa a tu vida diaria y te empieza a pasar factura si no recibes ayuda profesional.

 

El círculo vicioso de la ansiedad

 

Sin apenas darte cuenta entras en un círculo vicioso: al sufrir una crisis de ansiedad el cuerpo queda agotado por el sobreesfuerzo y llegan tus problemas en el rendimiento laboral. Como no te desenvuelves al nivel que sabes que eres capaz, te preocupas constantemente por todo. Eres incapaz de tomar decisiones o de concentrarte, y antes o después se desencadena una nueva crisis que alimenta el círculo.

 

Todos hemos sentido el llamado estrés positivo, ese que nos estimula a dar lo mejor de nosotros mismos y que al lograr nuestro objetivo nos hace sentir plenos y satisfechos. De lo que estoy hablando es del estrés negativo, la continua anticipación de posibles consecuencias desagradables que termina por paralizarte.

 

Cómo he usado la escritura para encontrar alivio

 

Tras esta introducción voy al meollo de la cuestión: cómo mediante la escritura he conseguido aliviar mi ansiedad.

 

Hace unos meses debido al estrés que padecía en el trabajo tuve mi última crisis de ansiedad (de momento). No hubo una situación concreta que me alterase, fue la acumulación de carga de trabajo que poco a poco vas asumiendo hasta que un día no puedes más y estallas. La famosa gota que colma el vaso. 

 

Pese a estar en mi casa alejada de toda responsabilidad laboral mi cabeza no dejaba de darle vueltas a mi angustia, a por qué me sentía así. A la fiesta se sumó la depresión y los sentimientos de culpa, y en esas estaba cuando llegó el confinamiento obligatorio por el Covid-19.

 

Confieso que al principio me sentí aliviada, pues lo único que me apetecía era estar sola. Mi hogar era el refugio donde no tenía que fingir ante nadie, ni sonreír y saludar sin ganas. Pasaba los días buscando mantener mi cabeza ocupada en cualquier cosa que no fueran mis angustiosos pensamientos: hacía sudokus, jugaba al solitario en la tablet, me ponía alguna serie, leía. Sin embargo mi mente iba por libre. Tanto que a veces me daba cuenta de que tras unos minutos era incapaz de concentrarme y lo único que hacía era rumiar sin parar.

 

Un día me dio por escribir todo eso que me pasaba por la cabeza. Mi propósito inicial era tan solo vaciarla de los pensamientos que me causaban sufrimiento. De hecho pensé hacerlo a mano en hojas de papel para después de superar la mala racha quemarlas todas a modo de conjuro mágico o espiritual. El caso es que cuando terminé la primera sesión sentí un alivio especial. Por supuesto la ansiedad no desapareció de inmediato ni por completo. Pero me di cuenta de que llegué a perder la noción del tiempo, me había dejado llevar sin miedo y había sido libre.

 

En la práctica está el éxito

 

Animada por esa experiencia desde entonces la repito todos los días, así al menos tengo asegurados unos pequeños instantes de felicidad diaria. Pasé del papel a teclear en el ordenador y he ido juntando algo de material. Quizás algún día me sirva de base para escribir algo más extenso.

 

Ahora no hago tan a menudo esas descargas catárticas, sino que escribo pequeños relatos sobre cualquier cosa que se me ocurre o me llama la atención. Los que saben del arte de escribir recomiendan practicar, practicar y practicar y en eso estoy.

 

Además pongo por escrito mis objetivos, planifico lo que quiero hacer y compruebo lo que he realizado o no, para replantearme el proceso. Antes estas cosas estaban todo el día dando vueltas por mi cerebro y desde que lo anoto es como si la mente se relajase. Sabe que la información estará en su sitio en el momento en que la necesite. ¡Sí, era tan sencillo! 

 

Me queda muchísimo por aprender. Y no hay nada que me apetezca más.

 

Te espero en los comentarios. Me encantará saber si tú has tenido algún episodio de ansiedad y qué te ha ayudado a superarlo. 

 

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